Toda mi vida me han fascinado esas mujeres guapas, libres y con un discurso claro. Podía nombrarte cientos de ellas que han sido una enorme inspiración para mí a lo largo de los años. En 2015, a mis 17 años, descubrí, a través de algunas creadoras de contenido (Sjana Elise, Chloé Kian, Ellen Fisher...), que podía existir una vida sana, introspectiva y respetuosa con el medio ambiente. Y esto marcó mi evolución.

Yo a mis 17 años, 2015.
Hasta entonces, no podía entender que las personas de mi alrededor no tuvieran la misma sensibilidad que yo hacia el medio ambiente y los animales y esto, como la adolescente reivindicativa que era, me hacía sufrir. Hasta que me di cuenta que existía una comunidad igual que yo, y que no necesariamente debían tener la imagen de los hippies de los 70.
Cuando algo me interesa me vuelvo obsesiva y necesito investigar ese tema hasta que ya no quede más información por explorar. Así, me interesé profundamente por lo que yo llamo una vida "Consciente y Moderna" (un termino que me define bastante bien. Quería saber como podía aplicar todos esos valores tan fuertes que resonaban en mi mente a la vida de una chica joven del siglo XXI. A partir de ahí, descubrí el yoga. El respeto por todos los seres, la igualdad, la resiliencia... todos ellos eran mensajes que me daban una sensación enorme de comprensión.

Yo a mis 18 años, 2016.
A los 17 años, me mudé a Madrid para cursas mis estudios universitarios en Diseño de Moda, dejando atrás muchos hábitos que consideraba parte de mí como bailar ballet y tocar el piano (actividades que llevaba practicando desde los 2 años). A pesar de ser muy feliz con mi nueva vida, había una espinita dentro de mí sin resolver. Después de tantos años bailando, no podía entender mi vida sin movimiento así que decidí probar con otras disciplinas que me ayudaran a sanar. Es ahí cuando me enamoré totalmente del yoga.

Yo a los 19 años, 2017.
Los años avanzaron y yo fui evolucionando. En 2020 aproveche para conectar más con mi práctica, pero también había momentos en los que me desconectaba por completo. El caso es que siempre encontré el yoga como un chaleco salvavidas al que agarrarme cuando todo iba mal o cuando necesitaba volver a mí.

Yo a mis 21 años, 2019.
Como todos, he vivido episodios bonitos y no tan bonitos. En 2025, me encontré a mí misma totalmente perdida, triste y sin motivación. Me había guiado por los cánones que debía cumplir y por los sueños de una niña hacia un terreno profesional que no parecía pertenecerme. En ese momento, me permití parar para redescubrirme y me hice preguntas que dan mucho miedo intentando no condicionarme por nada: ¿quién quiero ser realmente? ¿soy feliz por este camino? ¿quien decidiría ser si un día me despertara sin un pasado y sin un futuro, solo con mis valores, mi cuerpo y mi mente? Esto me llevó a un proceso en el que el yoga tuvo un papel sanador importantísimo.

Yo con 27 años, 2025.
Cuando vi los resultados del yoga en mí misma, supe que tenía que formarme profesionalmente en ello para ayudar a otras personas. Así, sin pensarlo dos veces, me fui a Bali, Indonesia para titularme como profesora de yoga con House of Om. Tras un intenso mes de aprendizaje sobre los orígenes y distintos tipos de yoga, filosofía hindú, anatomía, alineación y mucho más, me gradué junto con un grupo de mujeres increíbles y unos profesores llenos de conocimiento e inspiración. 
Octubre de 2025, Bali, Indonesia.
Actualmente me encuentro comenzando mi proyecto Casa Yoga, un hogar para todo aquel que busque una comunidad donde poder sanar y crecer como persona.